Mientras el cochismo, la ciudad cochecéntrica y el lenguaje motonormativo son la concreción en leyes, cemento y palabras de la cultura de la movilidad imperante, bajo la superficie, late una lucha epistémica en la que Ciclandia está profundamente implicada.
Las luchas epistémicas son esencialmente debates o tensiones sobre qué conocimiento cuenta. Estas luchas emergen cuando ciertos individuos o grupos en la sociedad sienten que sus voces no están siendo escuchadas, que sus experiencias vividas están siendo ignoradas, o que sus perspectivas no se reflejan en el conocimiento oficial (y sus derivadas).
Así ocurría, hace solo un par de décadas, cuando la industria tabacalera afirmaba que no existía un vínculo concluyente entre fumar y el cáncer y que «se necesitaba más investigación». Afirmando esa falsa falta de conocimiento sobre el tema y, al mismo tiempo, comprando a investigadores y legisladores, continuaban con su negocio mortal. De la misma manera, el statu quo cochista produce conocimiento pero también ignorancia porque su poder se mantiene creando ignorancia.
Comprender esta dinámica es crucial para abordar las luchas epistémicas. No se trata de superar o eliminar «la lucha”, sino de buscarla y desenmascararla. Si como técnico o activista de la movilidad activa no descubres ninguna lucha epistémica o no escuchas voces disidentes, deberías preguntarte si has sido lo suficientemente inclusivo al considerar diferentes voces, experiencias, conocimientos y perspectivas. O simplemente admitir que has cerrado los oídos a las «notas discordantes» de la música celestial del cochismo. Las luchas epistémicas, como las luchas por la justicia o la libertad, son continuas y no tienen un punto final. Las sociedades evolucionan y surgen nuevas necesidades.
El cochecentrismo prioriza a los conductores y la automovilidad, lo que significa que prioriza ciertos tipos de conocimiento sesgado, una cierta
lente deformada para mirar el espacio urbano y el movimiento humano, ignorando, sepultando o suprimiendo otras perspectivas, como la de la movilidad activa o las movilidades del cuidado (llevar a los niños al colegio o a la guardería, hacer la compra, etc.). Y esto impacta en nuestras vidas en forma de desigualdad de clase en movilidad, velocidad injusta, “pobreza en el transporte” o violencia vial.
La movilidad es política, el conocimiento es política y publicar es política. Y esa es la razón de ser de Ciclandia: promover una producción de conocimiento más equitativa en la movilidad. Queremos aportar conocimiento del lado bueno de la lucha epistémica, estar en el lado correcto de la historia, estar en la vanguardia de la pacífica rebelión por una ciudad más humana, más justa y más habitable.
