El interesantísimo estudio “Identifying, nurturing and empowering alternative mobility narratives” (2022, M.t. Brömmelstroet et al.), que podríamos traducir como «Identificando, cultivando y empoderando narrativas alternativas de movilidad», discute la importancia de desarrollar narrativas de movilidad alternativas que entren en conflicto y asalten los paradigmas dominantes de la movilidad cochecéntrica e identifica cuatro semillas para desarrollar estas narrativas de movilidad alternativas.
El poder de las historias para reimaginar la ciudad
Nuestra visión del mundo, y hasta el mismo mundo está moldeado por historias. La narrativa dominante sobre la movilidad urbana, que prioriza la velocidad, la eficiencia y el automóvil privado, es un relato poderoso que se ha solidificado en políticas, infraestructuras, leyes y, lo más terrible, secuestrado nuestro imaginario colectivo.
Este relato autocrático y tecnocéntrico impuesto por las élites se asienta en tres ideas vitandas:
- La defensa a ultranza de la libertad individual para usar el automóvil privado, convertido en la gran tecnología de empoderamiento personal.
- A nivel colectivo, la movilidad no es un común, sino simplemente una demanda derivada de las necesidades individuales de realizar actividades dispersas en el espacio.
- En términos económicos, la movilidad es una desutilidad, algo negativo para el Homo economicus individualista, racional, egoísta y maximizador de utilidad. Y su derivada es la inevitable pulsión por reducir el tiempo de viaje como el objetivo sistémico último, para “ahorrar tiempo”.
Como señala el artículo, superar esta visión requiere intervenir en lo que denomina puntos de palanca profundos: Esto es, aquellos asuntos que cambian los paradigmas y las metas del sistema, no solo sus parámetros superficiales. Muy al contrario de lo que está ocurriendo en la actualidad, en que las políticas reformistas solo apuntan a intervenciones superficiales, simples lavados de cara en muchos casos, que no conducen a cambios realmente transformadores e incluso los obstaculizan.
La ficción literaria emerge como una herramienta al servicio de este cambio, como una vega ubérrima en la que estas semillas pueden crecer y florecer, regada por el arroyo caudaloso de la imaginación como fuerza política y emocional, hasta llenar de nuevos colores nuestro imaginario colectivo de la movilidad. La literatura no refleja pasivamente la realidad: la cuestiona, la desmonta y propone mundos alternativos.
No parece baladí pensar que hacer un esfuerzo por cuidar esas cuatro «semillas narrativas» en la ficción literaria puede nutrir y empoderar estas alternativas, llevándolas, más allá de la academia, a convertirse en realidades vívidas, deseables y accionables para una plétora de públicos. La literatura actuaría así como un «laboratorio de futuros» accesible, emocional y profundamente transformador.
¿Cuáles son esas semillas para desarrollar narrativas de movilidad alternativas?
Las cuatro que identifica el estudio, muy acertadamente a nuestro parecer, son:
1. La movilidad como juego y la ciudad como espacio lúdico
Esta perspectiva, vinculada al Homo ludens, ve la movilidad no como un desplazamiento utilitario, sino como una experiencia sensorial y de descubrimiento en sí misma, donde las calles son espacios para la interacción, el descubrimiento, el juego y el intercambio de saberes.
Autores como Italo Calvino en Las Ciudades Invisibles ya esbozaron ciudades imaginarias donde la arquitectura y el movimiento se relacionan en un ballet poético. En la ficción especulativa de la novela Rowan March: El Consenso, sus personajes, montando en bicicletas de carga, desafían al poder de la automovilidad planificada totalitariamente y convierten sus desplazamientos en un juego, una sucesión de «travesuras» que iluminan su lucha urbana.
Es imperativo normalizar la idea de que moverse por la ciudad debe ser, ante todo, un acto placentero y estimulante, no una pérdida de tiempo a minimizar. Esta narrativa desarma la lógica de la «desutilidad» y siembra el deseo por calles que inviten a ser vividas, no solo atravesadas.
2. La movilidad como interacción social
Esta semilla narrativa debería enfatizar la calle como el espacio público de encuentro por excelencia y el desplazamiento como oportunidad de exposición a la diversidad social, de fomento del sentimiento comunitario, de abrirse a las luchas urbanas por la justicia. Esto entroncaría con la reivindicación de la lentitud como forma de resistencia a los cronotipos hegemónicos impuestos por el sistema capitalista.
La literatura es un espacio privilegiado para explorar microcosmos sociales. Viene a nuestra memoria una novela distópica como La parábola del sembrador (Octavia E. Butler, 2021). En ella se muestra cómo la movilidad lenta y compartida –a pie o en bici– genera fricciones y encuentros, que contrasta vivamente con los usos de los vehículos motorizados en ese pandemónium de caos y descomposición social.
3. La movilidad como bien común
Esta semilla narrativa invita a entender la movilidad, no como un derecho individual de consumo, sino como un “bien colectivo” y propone una gobernanza comunal y democrática de la movilidad, desafiando los modelos puramente mercantilistas o tecnocráticos que apuntan a cambios dirigidos a mercantilizar aún más la movilidad mientras aumentan las desigualdades, la exclusión social y la fragmentación de las comunidades.
La ciencia ficción y la ficción distópica/utópica son terrenos fértiles para esto y en nuestra producción editorial queda bien patente con Rowan March: El Consenso. Y también con Bicicleta o Barbarie: el relato “Historia de tres ciudades”, relata un proceso de transformación comunitaria de la vida cotidiana que hace de la movilidad un común.
Ursula K. Le Guin, en Los Desposeídos, exploró magistralmente las tensiones en una sociedad anarquista y el contraste con su némesis, una sociedad turbocapitalista. Aplicado a la movilidad, la ficción puede dramatizar los conflictos, triunfos y desafíos cotidianos de gobernar juntos cómo nos movemos. Al hacerlo, vuelve tangible y atractiva la idea de que la movilidad es una responsabilidad y un logro colectivo, no un producto que se compra.
4. Movilidad como Innecesidad
Esta semilla cuestiona el axioma de que «más movilidad es siempre mejor». Destaca los valores de la reducir la movilidad, la baja velocidad, la vida de proximidad y la quietud como fuentes de equidad, resiliencia y bienestar. Un capital social a reconquistar.
A modo de ejemplo, en el antes mencionado relato “Historia de tres ciudades” de Bicicleta o Barbarie, se retrata un proceso de “ajuste social” para reducir la movilidad agregada de la comunidad. En la ficción la inmovilidad “forzada “de los hombres y mujeres que habitan estas tres ciudades (por elección y por crisis) es una epifanía, no una tragedia. Muestra cómo una vida rica no depende de los kilómetros recorridos, sino de la profundidad de las conexiones en el espacio inmediato y de la reconquista del tiempo personal.
Ciclandia: alfabetizando futuros a través de la literatura
Cultivar y hacer crecer estas semillas para que se conviertan en fértiles narrativas alternativas de movilidad también tiene mucho que ver con poner el acento en las necesidades de mujeres, niños, personas con discapacidades, adultos mayores y aquellos con necesidades especiales de movilidad por diferentes razones. Grupos que han sido invisibilidados por esas narrativas de movilidad dominantes diseñadas por hombres de clase media, que trabajan en organizaciones jerárquicas, tecnocráticas, orientadas a la toma de decisiones técnicas y positivistas para satisfacer las necesidades de ese individuo promedio (inexistente) que siempre es, por defecto, un hombre blanco y capaz.
Desafiar este patrón requiere involucrar a la ciudadanía en el proceso de co-creación de narrativas de movilidad alternativas para el futuro, un requisito para la formulación de políticas democráticas, de abajo a arriba, y crucial para que se logren cambios significativos en los estilos de vida y comportamientos en movilidad.
La misión de Ciclandia incide plenamente en lo que el estudio denomina «alfabetización de futuros»: poner en acción la habilidad de imaginar, usar y cuestionar diferentes narrativas sobre el mañana para lograr cambios transformadores. En este rincón plácido, bañado por los refulgentes rayos de la sabiduría que estamos creando, la ficción literaria es una escuela primaria para esta alfabetización. Y los y las tejedoras de historias que firman nuestros libros realizan un trabajo crucial: Hacer lo abstracto, concreto, generar deseo emocional de transformación y normalizar lo radical.
Al fin y a la postre, para cambiar las ciudades necesitamos cambiar las historias que nos contamos sobre ellas. La ficción no es un escape de la realidad, sino un campo de batalla y un taller de construcción para las realidades que anhelamos habitar.
